
Y lo más triste de todo, sin embargo, es descubrir que de alguna manera me he
gobernado de fantasías, y negando la realidad he alimentando de forma caníbal mis delirios en una
versión gore del cuento de la lechera al tiempo que vivía en un paraíso artificial y
adulterado. Fracaso. De momento no hay dinero, tú aguanta y esto cambiará.
Y
mientras aguantas, la mente se funde en negro y buscas la evasión en cualquier
cosa en espera de tiempos mejores. Las mentiras se suceden una tras otra como
en una partida de cartas infinita con manos de farsas y simulacros de amor en
un sexo furtivo que arrastra a tu cama a
más una veintena de mujeres sin nombre. Triste búsqueda de ese rostro que ya no existe fuera de los limites de tu imaginación. Valiente Casanova de serie B aquel que eyacula lágrimas y recuerdos de un éxtasis
pasado y extinto al mismo tiempo que suspira
por el sol de un sur cada día más lejano e imposible. Y es ahí, justo en ese instante posterior al coito, tendido en el ambiente sucio y cargado de olor a sexo
y cocaína, cuando te das cuenta de que tu razón de ser ha huido humillada y ha
cedido a una rendición sin concesiones, pues Ítaca ya no existe y Penélope hace ya mucho que dejo
de esperar por ti y ya no tienes ningún puerto al que arribar.
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