
Escritura automática semi-dirigida o
algo que se aproxima bastante a ese concepto. Así podría describir
mi necesidad actual de sentarme frente a un escritorio y desgranar
frase tras frase sin un destino fijado de antemano. Solo caminar
pisando teclas y tomar los diferentes caminos, llegar a una enorme
roca solitaria y sentarme a observar el paisaje desconocido que se
abre ante mí y preguntarme. ¿A dónde quiero llegar? ¿Qué estoy
tratando de decirme? Quizás nada, quizás todo. Y quizás por eso
mis monólogos internos giran todos en torno a los mismos temas una y
otra vez. El mundo sigue girando y yo tengo la sensación de que por
algún motivo éste se ha detenido y soy yo quien gira sobre una
espiral vertiginosa de luces y sombras caleiodoscópicas ; la
misteriosa fuerza que crece en mi interior me llena de una
impaciencia vital que hace los días muy breves y que me llevan a la
decadencia, al absentismo vital y la perdida ingrata de tiempo. Sé
que necesito actividad, dejar de esconder la cabeza y hacer cosas y
ser productivo, dejar las drogas, aparcar el lado oscuro y muy
importante: ya que no puedo evitar sentir ciertos terrores nocturnos,
aprovechar estos en mi beneficio para decirme que ya no hay marcha
atrás posible. Me aguarda la boca del lobo abierta de par en par y
lo único cierto es que estoy deseando adentrarme en ella. Sé que ha
llegado la hora de mostrar las cartas. ¡Y sí! ¡La emoción me
embarga! Pero aún así... Por qué no puedo dejar de preguntarme.
¿Será suficiente mi poker de damas?
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